Otra cara de las manifestaciones
"Serenidad” y “mesura” pidió ayer el presidente de España, Mariano Rajoy, ante los terribles incidentes vividos los últimos días en las calles de Valencia. Es más, el jefe del Ejecutivo central lamenta que las protestas reprimidas por la policía están dando “una imagen fuera que no es la de nuestro país”. Y es cierto. España se caracteriza por ser democrática ante todo. Los ciudadanos tienen el derecho constitucional de manifestación y cualquier persona que lo desee puede acogerse al mismo. De hecho, lo llevamos haciendo muchos años y nuestras reivindicaciones jamás han desenvocado en violencia. Por ello es que las imágenes que nos están dejando las manifestaciones de los estudiantes en esta ciudad de Levante con la policía de protagonista, son más de película de ficción que de realidad. La contundencia no está reñida con la imprudencia y estos días estamos viendo que las actuaciones policiales están dejando mucho que desear. Ver a los agentes de seguridad golpeando a los jóvenes adolescentes es un espectáculo terrible y lamentable. Desde Inglaterra Cameron, que se ha reunido con Rajoy, ha insinuado que si se trata de algún hecho puntual o es consecuencia de los ajustes que están imponiendo desde el Gobierno. Evidentemente son hechos puntuales ya que en nuestro país jamás se ha producido un hecho tan brutal por parte de los Cuerpos de Seguridad. Los estudiantes comenzaron sus protestas por la supresión de la calefacción en las aulas así como por los recortes que se están llevando a cabo en educación. Por lo tanto estaban en su derecho de concentrarse y la desproporción de la policía en la represión de esas manifestaciones no tiene sentido alguno. La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Paula Sánchez de León, solicitó ayer que se investiguen los hechos y si ha habido exceso policial. Las imágenes hablan por sí solas, ya que hay jóvenes tendidos en el suelo con heridas de sangre lo que demuestra la dureza de los enfrentamientos entre manifestantes y agentes de la policía. El orden público se puede conseguir sin necesidad de golpes.













