PROTOCOLO REBELDE
Ser joven y no morir en el intento
Jueves, 21 de marzo de 2013Las prisas nunca fueron buenas consejeras, ni si quiera para crecer. Parece que cuando somos niños nos falta tiempo para ser adolescentes, y camino de la pubertad, ya queremos ser mayores. Qué prisas, como si en la vida adulta esperara algo mejor que la bendita infancia, con sus juegos callejeros y la inocencia de las mil preguntas. La juventud, siempre corriendo hacia el futuro. El futuro, qué infinito y qué oscuro.
Ser joven y no morir en el intento. Porque ser joven en España es bien difícil y el futuro, más que aire, parece una losa con la que comenzamos a cargar desde ahora mismo. La tasa de paro en la juventud alcanza el 55%. Un dato demoledor, peor que un cuervo negro de mal agüero, que no presagia paz. Los políticos denominan al problema “cáncer social” y lo cierto es que la enfermedad presenta ya evidentes síntomas. Miles de jóvenes están abandonando cada mes el país en busca de algún puesto de trabajo en el Reino Unido o Alemania. Miles están hipotecados de por vida. Y otros miles que tienen la suerte de trabajar, lo hacen en condiciones precarias.
La juventud, divino tesoro de las multinacionales. Un colectivo amplio, vigoroso y educado en el consumo. Un público objetivo al que no consiguen echar sus redes las empresas de la política, por más que se empeñen en ello. Hace sólo unos días, el Gobierno, en compañía de la patronal y sindicatos, presentó un plan de empleo joven para el periodo 2013-2016 que dispondrá de unos recursos de 3.485 millones de euros a repartir entre 100 medidas. En esencia, se reducen las tarifas a la Seguridad Social para los jóvenes menores de 30 años. El autoempleo es la solución, según el ejecutivo, la patronal y los sindicatos. El hágaselo usted mismo, como teoría económica, en un mundo en el que las grandes compañías tienen cada vez más influencia.
El plan de Rajoy dinamizará el empleo en los próximos tiempos, no hay duda, una inyección monetaria de tantos ceros siempre marea y conseguirá rebajar malos datos, pero parece un plan insuficiente e injusto con otros tantos miles de jóvenes mayores de 30 años que quedan en el limbo de las edades. Ni suficientemente jóvenes ni sobradamente adultos. Quién puede poner edad al espíritu. Hay niños viejos y abuelos que parecen chiquillos. Las deducciones fiscales a emprendedores deberían ser generalizadas, sin importar edad. Y puestos a fomentar la creación de empresas, bien podría la administración mejorar sus procedimientos. Por costumbre, lentos y costosos. Pero esto es harina de otro costal y aquí hemos venido a hablar de la maltrecha juventud.
Porque son muchos nuestros problemas. Madres y padres muy jóvenes sin perspectivas para sus hijos. Jóvenes sin oficio ni beneficio. Miles de licenciados y profesionales que no pueden aportar sus conocimientos. Nosotros, que crecimos en la abundancia, y ahora comenzamos a entender que nos jubilaremos a los 101 años. Nosotros, los jóvenes, en la eterna lucha de edades. Alejados, por desgracia en muchos casos, del respeto y sabiduría de nuestros mayores, nosotros, los jóvenes, que creíamos el futuro por delante y no escuchábamos a nadie. Teníamos todo, todo lo sabíamos y ahora ya veis. Explotó la burbuja y reventaron los mundos de yupi. Porque ya no podemos comprar el futuro, sólo nos queda trabajarlo. Porque el joven sólo puede ser acomodaticio o revolucionario. Y es la verdadera juventud, la que debe emprender la rebelión intestinal contra la atrofiada biología del sistema. Como dice mi padre, el que de joven no corre, de viejo, tiene que volar.

















