Corinna no tiene quien le escriba
Viernes, 8 de marzo de 2013Ni unas letras de admiración, ni unas palabras de reconocimiento, ni una carantoña por los supuestos servicios prestados, ni una zalamería; todo, todo son reproches, cuchilladas por la espalda, critica ácida y sin compasión. Corina, la princesa que salió del frío, no tiene quien la escriba, rememorando a García Márquez. Los españoles somos unos desagradecidos con esta buena señora, lo digo por el ver, que se entregó en cuerpo, nunca mejor dicho, y alma al servicio de la patria y le hemos dado las gracias poniéndola en el paredón del espejo público, mancillando su honra y denostando su profesional quehacer. Una vez más, y son tantas, hemos contestado con la coz las caricias, me pillan, que nos dio a través del más alto estamento de la nación, que eso dicen las lenguas viperinas.
Esta mujer, de maneras remilgadas, de verbo dulce y pausado, de amplia cultura, de estructuras mentales rígidas como se le presume a una educación germanófila, se ha llevado un chasco del pueblo español. Ha sido un chasco trufado de decepción que le ha hecho decir que “nunca volveré a España”, que era lo que nos faltaba por si no teníamos bastante con la crisis y demás monsergas. O sea, que sin comerlo ni beberlo nos deja, nos abandona, nos repudia por no saber valorar lo mucho que ha hecho por nosotros. Es decir, la definitiva, nos quedamos huérfanos de su compañía. Ya nunca más las tapias de La Zarzuela la verán pasear su palmito cuando la tarde se agosta, ya jamás trabajará para la causa de la interlocución con príncipes árabes para no se sabe qué contratos, ya no tendremos el honor, por no decir lujo, de contar con su ayuda para mejorar las relaciones internacionales. ¿No es una tragedia?
Lo es lo miren por donde lo miren. Si es por esa parte picara de la que nos adornamos los españoles en nuestra manera de pensar, sobre la que somos muy condescendientes y la admitimos como algo de nuestro carácter lisongero y ligero de casos, si es por esa parte, digo, lo vamos a sentir porque Corinna, a buen seguro, ha dado mucho juego como lo prueba que viajaba oficialmente cuando el monarca volaba y vivía en casa pagada por todos los españoles. Si es por la otra, por la de los negocios, nos hace un roto en el calzón quitado de la economía que presentamos en Europa. Un roto importante porque a partir de ya, a partir de su decisión de no pisar España, los grandes contratos de nuestras empresas se quedarán huérfanos de apoyo, lobby o cómo ustedes lo quieran llamar. Perder a personaje tan influyente es una desgracia a considerar. Por ello, por lo uno y por lo otro, por lo del asueto y por lo del bolsillo, lo estamos haciendo mal, rematadamente mal y además quedamos como malos anfitriones. Qué pensarán las futuras Corinnas cuando valoren la posibilidad de trabajar, en todos los sentidos, para España y los españoles. A buen seguro que dirán que no somos de fiar, como lo demuestra su caso, y huirán como almas en pena en busca de otra geografía menos arisca. Lo único que podemos hacer para remediar en algo nuestro comportamiento, es decirle a Corina que en desagravio no le cobramos el alquiler de la casa del guarda que ocupó tras previa remodelación. Sí, esa casa del guarda mayor que a buen seguro es testigo de los días de gloria que su presencia dio al lugar. Dicho de otra manera, nunca un hogar plebeyo aspiró a más que acoger a una princesa, que es tanto como decir que la realeza y el pueblo se fundieron en un abrazo para decirle al mundo que lo de la lucha de clases está más pasado de moda que los pantalones campana. Y es que por muy difícil que nos resulte entender al ser humano, hay veces en que las pasiones lo vuelven irracional.
Corinna, desde este humilde rincón le pido excusas por el comportamiento que hemos tenido hacia usted. Sepa que la echaremos de menos y que estoy convencido de que ha hecho grandes servicios a España, ¡vamos que si los ha hecho! De nada.

















