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PROTOCOLO REBELDE

Somos de pueblo

Jueves, 7 de marzo de 2013
JOSE IVAN SUAREZJosé Iván Suárez, periodista y escritor
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Ser de pueblo es un gen. Ni mejor, ni peor, como cualquier otro, como un lunar hereditario o el color de los ojos. Una tradición genética que circula por la sangre, por mucho que se reniegue o se transite por ciudades. Un gen rural que, sin embargo, está en vías de extinción. El gen urbano se impone, mientras avanza el abandono de muchos pueblos. Nada nuevo, sólo la tendencia urbana que arrastramos desde el Neolítico y que en épocas más cercanas en el tiempo, ha sido más que evidente. En España, hay 2.648 pueblos abandonados y parece que pronto se irán sumando más localidades a esta lista negra. Porque vivir en una zona rural es cada vez más complicado.

La crisis económica y política está hincando sus dientes de manera aún más cruel en los pueblos. La terrible despoblación se ha convertido en el mejor argumento de la administrocracia para eliminar servicios, reducir puestos de trabajo y lapidar el dicho: “qué bien se vive en el pueblo”. Los pequeños núcleos de población están en el punto de mira de todos los recortes en bienestar y para nuestro orgullo, Albacete tiene muchos pueblos. Pueblos en peligro, por culpa de muchas decisiones que se toman en los despachos de las capitales. Autoritarismo administrativo a golpe de desconocimiento. Y para muestra, sólo algunos botones.

La comarca de la Sierra del Segura, donde viven cerca de 20.000 personas, posee una orografía tan difícil como espectacular, una población dispersa en doce pueblos y decenas de aldeas; un asilamiento endémico que parece perpetuarse en los últimos tiempos. La clausura de la Residencia de la Tercera Edad de Socovos, el cierre de las Urgencias en Molinicos o el inacabado centro médico de Elche de la Sierra, ejemplifican bien la desidia de los poderes, ahora que la excusa del “no hay dinero” sirve para todo. En Socovos, el rumor corre como la pólvora ante la creciente preocupación de los ancianos y sus familias, en Molinicos, se mantiene la incertidumbre de si podrán conservar el Punto de Atención Continuada, a la espera de una resolución judicial para la que no hay fecha. En Elche de la Sierra, los pacientes asisten a un provisional centro médico, consistente en varias barracas prefabricadas de alquiler, que pese “a no haber dinero”, cuesta a las arcas públicas cerca de 6.000 euros al mes. Mientras tanto, el antiguo centro médico se deteriora irremediablemente a la espera de una ampliación prometida por Barreda y de la que no se ha hecho cargo Cospedal. Gestores que prometieron sin tener y gestores que miran para otro lado. Unos por otros, la casa sin barrer y en medio, vecinos tratados como ciudadanos de segunda categoría. Porque nacer, crecer y vivir en un pueblo ya no es rentable. Estas son las poderosas razones demagógicas que algunos esgrimen para justificar la falta de inversiones, el expolio rural continuado y la deslealtad institucional. El dogmatismo político, las afiliaciones interesadas a los nuevos caciques y la pasividad social, son el caldo de cultivo perfecto para que termine arraigando el ruralicidio. Mientras no se mantenga viva la reivindicación de nuestros derechos, todos nuestros deberes no habrán servido para nada. Somos de pueblo, no lo olvidemos nunca, o acabarán por liquidar la sabiduría ancestral impresa en nuestros genes. Ni mejores ni peores que cualesquiera otros, sólo los nuestros.

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2 comentarios
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  • #david frances (7/03/2013 12:30)

    cuanta razon ivan¡¡¡

  • #Pedro (7/03/2013 11:27)

    Cuanta verdad escrita en estas líneas, por desgracia parece que los pueblos estamos condenados a desaparecer. La imagen de Paco Martínez Soria llegando a la capital es la caricatura más populista de los pueblos, de los pueblos de nuestros abuelos, porque nosotros hemos nacido, crecido y vivimos en los pueblos, pero somos gente preparada, que nos duele en el corazón todas estas cosas que están pasando. A la entrada tendremos que poner un cartel bien grande: "Cerrado por defunción", porque no hay vida en nuestra tierra. Si en los años de bonanza económica no se ha sabido gestionar el problema rural, menos con la que está cayendo. La vida de una persona en una ciudad vale mucho más que la nuestra y cada vez más nos estamos dando cuenta de ello. Los pueblos sobramos, y sólo nos quieren de recreo de fin de semana. La Sierra se muere, pero no importamos a nadie: comunicaciones del siglo XIX, sin cobertura móvil,...

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